Hospital  "Dr. Ramón Carrillo" 

 
   
 

La creación de este Hospital se debe gracias a la iniciativa del Diputado Testa Luís Adolfo, que ingreso como tal por el Partido de San Vicente el 25 de marzo de 1946 y ceso en sus funciones el 22 de diciembre de 1947, al presentar su proyecto de ley en el cual reclamaba la creación de un edificio para la salud pública en el pueblo de San Vicente.

Lo que propiciaba el Diputado era la necesidad de la construcción del Hospital Policlínico de San Vicente, por su ya gran aumento en la población, y en el que se debería albergar la Dirección, las dependencias administrativas, consultorios externos, tres salas de internación (en las que se incluyen mujeres, hombres y niños) y todas las demás instalaciones e infraestructura necesarias para su efectivo funcionamiento.

Este proyecto fue presentado en octubre de 1946 en la Cámara de Diputados de la Provincia, dando a luz el 19 de octubre de 1949 concretándose el proyecto y quedando inaugurado el primer Hospital Zonal.

En el acto de inauguración asistieron el presidente Perón y su esposa Eva, el Coronel Mercante, autoridades provinciales, municipales y el Dr. Ramón Carrillo, el primer Ministro de salud pública, al que se le debe el nombre actual del hospital.

El Doctor Carrillo, luego de que en el parque de entrada se izara la bandera nacional y ejecutado el himno, declaro inaugurada la obra e hizo, con emotivas palabras, la entrega del Hospital a la dirección de la Fundación de Ayuda Social para que asegurara su protección y buen funcionamiento.

En aquel acto inaugural, Perón, invitado exclusivamente por el doctor Carrillo, procedió a plantar en el parque un pino de San Lorenzo y su esposa Eva prosiguió a descubrir una placa recordatoria de este acto.
Concluido esto, todos los presentes realizaron un recorrido por las instalaciones de aquel moderno y añorado hospital, incluido el entonces flamante doctor Juan armando Scarpatti que supo ser el primer director del establecimiento

   

Ramón Carrillo

 

El Doctor Carrillo ha sido una persona que trascendió no solo por sus capacidades y profesionalismo, sino, principalmente, por aplicar su conocimiento de forma conciente para la mayoría de la población, pero principalmente a los sectores más vulnerables. Sus palabras no dejan duda de esto:

“Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas.”  Además, ha indicado que “los problemas de la medicina como rama del Estado, no pueden resolverse si la política sanitaria no está respaldada por una política social. Del mismo modo que no puede haber una política social sin una economía organizada en beneficio de la mayoría.” Pero no se conformaba con esto, sino que también indica que “el Estado no puede quedar indiferente ante el proceso económico, porque entonces no habrá posibilidad de justicia social, y tampoco puede quedar indiferente ante los problemas de la salud de un pueblo, porque un pueblo de enfermos no es ni puede ser un pueblo digno.”

Carrillo nació en Santiago del Estero el 7 de marzo de 1906, ciudad pequeña por aquel entonces. Luego de cursar estudios primarios y secundarios en su ciudad natal, guiado y alentado por su vocación parte rumbo a Buenos Aires, para iniciar la Carrera de Medicina. Cursa esta carrera de manera brillante y obtiene, al recibirse en 1929, la Medalla de Oro al mejor alumno de su promoción. De esta forma, por las circunstancias de la vida y de la historia, llego a convertirse no sólo en el primer Ministro de Salud Pública que tuvo la Argentina, sino en quien el tiempo reconocería como mentor y ejecutor del Plan Sanitario mejor diseñado y ejecutado en el país.

Su idea de salud no la ha formado independientemente del contexto social y económico local e internacional, y esto se ve reflejado cuando indico que “en esta época de independencia política y económica,” cuando Perón había asumido como presidente, “debemos afirmar también nuestra independencia científica. Debemos tener un sentido de afirmación propia y universal, sin menoscabo de lo extranjero, pero también sin aceptación servil.”

De esta forma, se puede decir que hubo un antes y un después de Carrillo en la Salud Pública Nacional. Eso quedó reflejado en el mejoramiento de las condiciones de vida, en las obras, en la estructura hospitalaria y en la infraestructura sanitaria que se logró en un período increíblemente corto. Su modelo de expansión estuvo lejos de ser improvisado. Carrillo partió de un complejo plan: modernizar el sistema, estructurando a partir de allí un nuevo diseño que se adecuara a las características de cada región del país.

Desde estudiante se inclino hacia la neurología y la neurocirugía, colaborando con el Dr. Manuel Balado, eminente neurocirujano de la época, con quien realiza sus primeros trabajos científicos. Ya recibido abraza definitivamente estas especialidades y obtiene una beca universitaria para perfeccionarse en Europa, donde trabaja e investiga junto a los más destacados especialistas del mundo, entre ellos Cornelius Ariens Kappers.

Regresa a Buenos Aires en plena “Década Infame”, donde puede vivenciar el sistemático saqueo y destrucción que sufre el país, donde se impone la corrupción, el negociado, la enajenación del patrimonio nacional y el empobrecimiento de una gran mayoría poblacional. Adhiere entonces al pensamiento nacional que toma auge en aquella época.

En 1939 se hace cargo del Servicio de Neurología y Neurocirugía del Hospital Militar Central. Este cargo le permite conocer con mayor profundidad la realidad sanitaria del país. Toma contacto con las historias clínicas de los aspirantes al servicio militar, procedentes de toda la Argentina y puede comprobar la prevalencia de enfermedades vinculadas con la pobreza, sobre todo en los aspirantes de las provincias más postergadas. En consecuencia, lleva a cabo estudios estadísticos que determinan que el país sólo contaba con el 45% de las camas necesarias, además distribuidas de manera desigual, con regiones que contaban con 0,00% de camas por mil habitantes La medicina no sólo debe curar enfermos sino enseñar al pueblo a vivir, a vivir en salud y tratar que la vida se prolongue y sea digna de ser vivida.”

En este tiempo, conoce en el Hospital Militar al Coronel Juan Domingo Perón, con quien comparte largas conversaciones. Es precisamente el Coronel quien convence al Dr. Carrillo de colaborar en la planificación de la política sanitaria de ese gobierno.

Luego Perón llegaría a la presidencia, por vía democrática, y confirma al Dr. Carrillo al frente de la Secretaría de Salud Pública, que posteriormente se transformaría en el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social de la Nación. Al iniciar sus funciones, Carrillo se encontró con una gran desorganización, con instalaciones sanitarias inadecuadas, y con falta de camas, de equipamiento médico, de insumos y de personal capacitado. Por lo que tubo que afrontar un desafió que supo superar en muchos de sus aspectos y sus resultados han quedado a la vista, aunque quedaron muchas de sus ideas por continuar.

“Las tareas de los higienistas no rendirán frutos si previamente no se consolidan las leyes obreras destinadas a dignificar la tarea en fábricas y oficinas, a mejorar sueldos y salarios y lograr los beneficios de jubilaciones y pensiones.”

Carrillo creó y organizó la escuela de Postgraduados de Medicina y orientó los estudios hacia la medicina social y preventiva. En cada acción fue anunciando la transformación que el país necesitaba y que el llevaría adelante como ministro.  A pesar de su devoción por la Secretaría y su labor constante, comenzó a recibir cuestionamientos -muchos de ellos injustificados- por parte de otros miembros del gabinete de Perón. El 31 de julio de 1954, le envió una carta al presidente, a quien había intentado ver infructuosamente días antes. La carta, que comenzaba diciendo “Querido jefe”, explicaba en uno de sus párrafos los motivos de su alejamiento, “cuando todo estaba por hacerse no chocaba con nadie ni recibía tiros desde ningún ángulo pero, con el ministerio armado y en perfecto funcionamiento, concluyó para mi la paz.”
 

Un tiempo después, decidió ir a los Estados Unidos y emplearse en la empresa Hanna Mineralization and Co., que tenía un emprendimiento a unos kilómetros de Belem do Pará, en Brasil. Llegó a su nuevo lugar de trabajo el 1 de noviembre de 1955, donde además colaboró desinteresadamente con el hospital local.  

Como consecuencia de su enfermedad, el 28 de noviembre de 1956 sufrió un accidente cerebrovascular., falleciendo el 20 de diciembre de 1956, pobre, enfermo y exiliado.

Como ha ocurrido con los que más dan por los demás por nada a cambio, se lo ha enjuiciando, difamado y olvidado como consecuencia del odio de aquélla. Es tan así que la dictadura de Aramburu prohibió que sus restos pudieran ser traídos desde el Brasil, donde fue enterrado en el Cementerio Santa Isabel de Belem do Pará, hasta que, en 1972, sus hijos repatriaron sus restos para enterrarlo en su provincia natal.  “Solo sirven las conquistas científicas sobre la salud si éstas son accesibles al pueblo”.