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Como ocurrió en todo el territorio de
Argentina, muchos de los pueblos se crearon en las cercanías de las
extensiones de líneas férreas de capital británico, donde hoy algunos de
esos pueblos han prosperado, otros, luego de que el tren no pasara mas
por la zona, han desaparecido. Unos pocos, como es en este caso, han
podido adaptarse y continuar escribiendo su historia.
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La ubicación de Domselaar es en
un terreno bajo, surcado por arroyos y
cañadas que se originan en los bañados de San Vicente y forman uno
de los brazos del río Samborombón. La cartografía del siglo XIX
indicaba la presencia de una laguna, hoy inexistente, denominada de
“Vargas” o también de “Almada”. Administrativamente Domselaar
corresponde al Cuartel 3º del Partido de San Vicente, en el límite
con el de Coronel Brandsen. Se le accede por la ruta nº 210, la que
fuera parte del viejo camino real a Chascomús y luego ruta a Mar del
Plata, hasta la década del treinta.
En esa época el camino principal era el “de Monte Chingolo” que
conducía a la Tablada del Sur o Tablada vieja, donde se concentraban
los ganados para su inspección y posterior remisión a los saladeros
del Riachuelo. De esta forma, años más tarde se instala la estación
Domselaar se ubicara en el Km. 52, en tierras donadas por Bernardino
van Domselaar. A pocos metros al norte de la misma cruzaba el camino
“de Monte Chingolo” ya citado.
Tierra de nadie durante siglos, seguro escenario de vaquerías y
malones el gobierno republicano realizó allí concesiones de tierra a
fin de asentar población y consolidar la frontera. Si bien existió
el antecedente de una merced dada en el siglo XVII de una extensa
franja de más de 20 kilómetros de ancho que corría entre los bañados
del río de la Plata y los pagos de San Vicente, fue en 1821 que don
Marcos Santana recibió “de gracia” una “suerte de estancia”, de 1 x
1 ½ leguas. A su fallecimiento en 1839, la viuda vendió la propiedad
a la sociedad Sáenz, de Sumarán y Frecenna, quienes a su vez, en
1849, hicieron lo mismo a los socios Antonio van Domselaar y
Cristian Federico Eduardo Frers.
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Plano de
la región según la visión publicitaria de Adolfo J. |
En octubre de 1859,
las poco más de 4 mil hectáreas de la propiedad se dividieron en partes
iguales y en mayo de 1860, a la muerte de Antonio van Domselaar, sus
tierras se repartieron entre sus cuatro hijos: Bernardino, Cornelio,
Gertrudis y María, esta última casada con Frers. A cada uno de ellos le
correspondió 505 hectáreas, recibiendo el hijo mayor el sector donde se
ubicaba la “población” o sea la casa paterna y los anexos.
D. Bernardino aprovechó las grandes ventajas que ofrecía la vía férrea
para instalar, en 1868, un saladero junto a la estación, que fue el
germen de un núcleo de población. Según el censo de 1869, vivían en su
entorno sólo 9 personas: el jefe de estación, su esposa e hijo,
Bernardino van Domselaar, 2 quinteros, 1 albañil, un trenzador y un
jornalero. Por lo tanto, puede tomarse como fecha de creación del pueblo
el 14 de agosto de 1865, cuando se inauguró la línea y, con ella, la
estación Domselaar.
Ante la instalación del Gran Ferrocarril del Sud, Bernardino donó a la
Compañía todo el terreno que ocupaban “las vías férreas y el que ha
tomado para la estación ya construida”, próxima al caserío.
La Estación Domselaar está en el KM. 52,530 del ramal a Chascomús,
inaugurado el 14 de diciembre de 1865. Planteado el problema del acceso
a la nueva estación desde el “camino real” a Chascomús, el Departamento
Topográfico comisionó al agrimensor Germán Kuhr para efectuar un
relevamiento. En la memoria, se describe la existencia de un edificio de
material dedicado a negocio “que ocupa la mitad de la calle de
circunvalación a la Estación” y se menciona la existencia de “tendales
del saladero establecido por don Bernardino van Domselaar después del
primer reconocimiento practicado.
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Luego de esto en el
año 1870 suceden remates en diferentes zonas de la provincia
siguiendo las líneas de los nuevos ferrocarriles. Domselaar esta
incluido en estos remates y en diciembre de 1873 se registra el
primero (el segundo remate de Domselaar se realizó en 1876) a cargo
de Adolfo J. Bullrich y Cia que eran una conocida empresa de
remates, tanto de estancias y pueblos, como de casas, vajillas y
obras de arte y como para asegurarse la venta de los lotes indicaba:
“La comida y el transporte gratis”.
El 19 de agosto de 1873 se escrituró la compra del campo de
Bernardino van Domselaar a favor de la sociedad Enrique Grigg,
Alejandro Miroli, Federico Dennehy y Juan Feely. De esta forma, los
nuevos propietarios procedieron con apreciable dinamismo a
subdividir todo el campo, las 505 has en 165 manzanas y 22 quintas,
iniciando de inmediato las ventas directas. Alejandro Miroli era
italiano y estaba casado con Amelia Mones Caxón y figuraba como
propietario de quintas (R, S y T) y manzanas (69 y 56).
En un principio se diseñaron unas cinco plazas. Una de ellas, con la
extensión de dos manzanas, formaba un conjunto con la Estación.
Justamente denominada “Plaza de la
Estación”, tenía su razón original en el estacionamiento de las
carretas que transportaban lana y cueros hasta el ferrocarril y en
los edificios públicos se dispusieron alrededor de las otras cuatro
plazas, simétricamente ubicadas respecto a la avenida de Ensenada.
Las plazas de la época se denominaban: “de la Concordia”, “de la
Unión”, “de Buenos Aires” y “de Acosta. Los bulevares y calles
llevaban nombres ya aludiendo a la procedencia, (“de los italianos”,
“de los alemanes”, “de los ingleses”), en recuerdo a los primeros
residentes (Miroli, Petersen de Boer, Barbagelatta, etc).
Sin embargo, de las 5 plazas ninguna se ha consolidado como tal.
Incluso “la de la Concordia” fue ocupada por un barrio de viviendas
sociales en el gobierno peronista. Las otras son un solo pastizal.
La ubicación de los edificios públicos: escuela, delegación, unidad
sanitaria, comisaría, etc. se dispersa, sin atender a ninguna
predeterminación |
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Ubicación
de los edificios públicos en el plano de Domselaar promocionado por
la sociedad inmobiliaria “ La Terrenal”. 1874 |
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Para el 21 de diciembre
de 1873 se produjo el primer remate público, realizado por la firma
“Adolfo J. Bullrich y Cía”. El acto estuvo promocionado por grandes
avisos en los diarios, anunciando por dos semanas “El Rey de los
remates,...el pueblo del porvenir....estratégica situación
topográfica....” entre otras exageraciones: un corto ferrocarril uniría
Domselaar con Ensenada “el punto favorecido de la República
Argentina”.
En esos tiempos ya a Domselaar se la imaginaba como centro de acopio del
cercano puerto de la Ensenada o ciudad cabecera de un nuevo partido a
crearse, donde se lo puede apreciar en los anuncios del primer remate
que se indicaba: “el pueblo del Porvenir”.
En este contexto, Bullrich, uno de los que rematadote, relacionó a dos
clientes suyos: Miroli y Berisso, a través de un ramal fantasma que unía
a dos empresas ferroviarias en competencia, llegando a proponer la
descarga de la lana en el mismo muelle Wheelright, fabulación destinada
a interesar a barraqueros y productores.
Aprovechando la
proximidad de sus tierras a la Estación y el despliegue publicitario
realizado por Miroli-Bullrich, Cornelio van Domselaar puso en venta
privada nada menos que 100 manzanas, “unos lindos lotes de terrenos a
una cuadra de la Estación, a precios sumamente bajos y con acción a
¡grandes premios!”. Pero no les fue bien ni a Miroli ni a Van Domselaar.
Como consecuencia, Miroli decidió tomar medidas al respecto. Realizo
mejoras en el pueblo, tales como poner en funcionamiento a la Escuela,
iniciar la construcción de la iglesia católica, instalar un horno de
ladrillos y radicarse él mismo en Domselaar.
Sumado a esto, también sembró 14 mil plantines de eucaliptos de dos años
y 3 mil frutales finos, junto a once calles de vides, con sus postes y
alambradas, también con dos años de vida.
Al mismo tiempo, inició gestiones ante la Municipalidad de San Vicente,
solicitando su “protección” para la fundación de una escuela rural
mixta, ofreciendo un terreno para construir el edificio y proponiendo
como docentes a un matrimonio de origen francés, los Lacaze y como sede
provisoria “la nave de la Iglesia Santa Clara”, evidentemente ya
construida o en avanzado estado de construcción.
Es así que el 19 de julio de 1875, el inspector Augusto Krausse fue
enviado por la dirección general de Escuelas a fin de evaluar la
situación, donde en su informe expresa que “se levanta alrededor de la
estación del ferrocarril de Sud, llamada Domselaar un nuevo pueblo del
mismo nombre. La localidad pertenece al cuartel 3* del Pdo. De San
Vicente y distan de este pueblo 3 leguas, de Quilmas 8, de Ranchos 9 y
de Ensenada 10 leguas. Las Familias allí establecidas comprenden
aproximadamente 300 habitantes y sostienen una escuela a sus expensas
regenteada por el preceptor Don Víctor Lacaze”.
Continuo en su informe indicando que la escuela funcionaba en la nave de
la iglesia, pero que ese día, 18 de julio, se había trasladado a una
casa “nueva y buena del Sr. Alejandro Miroli, quien la presta
espontáneamente y ofrece además todo el terreno en donación que a juicio
de ese Departamento se necesite el objeto de construir en el las
escuelas publicas con edificios propios para las clases de los
discípulos y para las habitaciones de los maestros, rodeados todos los
patios espaciosos y de jardines idóneos para los ejercicios de
instrucción, salud y recreo para los educandos.” A pesar de este informe
la habilitación de es escuela se demoro.
Pero para julio de 1875, Miroli le comunicaba al Consejo Escolar de San
Vicente que la escuela tenía 28 alumnos y funcionaba en su iglesia,
comprometiéndose a dotarla de un edificio adecuado cuando aquella se
inaugurara.
A mediados de agosto, una inspección de la DGE encontró a los maestros
Lacaze con 21 alumnos varones y 9 niñas, de un total de 49 inscriptos
pertenecientes a 26 familias, “que contribuyen al sostén de sus
maestros, como pueden...”
Recién a fines de marzo de 1876, la DGE resolvió la instalación de la
Escuela Mixta nº 4 a cargo del preceptor Lacaze, comprometiéndose el
Consejo Escolar a abonarle un sueldo de $ 1000 m/c. Dos meses después
envían útiles para el funcionamiento, pero al confeccionar el
presupuesto anual, se omitió incluir a la nueva Escuela, que en ese
momento se educaban 70 niños.
Por lo tanto, en octubre, tras pasar siete meses impagos, los Lacaze
aceptaron el ofrecimiento de regentear una escuela en otro partido, que
según datos pudo haber sido en la localidad de Brandsen.
La inactividad escolar duró un año más, hasta que Sarmiento, por pedido
del Municipal Eduardo Nagle, aprobó a Ezequiel Silva como preceptor
interino, en Octubre de 1877. Pero la falta de local fue un problema que
persistió un largo tiempo, alquilando la DGE casas para este destino.
En 1875 se termina de construir la Capilla en Domselaar dedicada Santa
Clara de Asís. De estilo románico y armoniosas proporciones fue
apadrinada en su inauguración por Luis Sáenz Peña.
El 13 de febrero de 1876 se procedió a realizar el segundo gran remate.
En esta oportunidad, la publicidad se centró en enumerar los adelantos
logrados en los dos años transcurridos, indicando que “a pesar de la
espantosa crisis que atravesamos, se han levantado 50 edificios nuevos,
habiendo varios en construcción y otros por empezarse. A más hay tres
hornos de ladrillos, varias casas de comercio, una escuela de ambos
sexos, donde asisten diariamente 50 alumnos....” para terminar
mencionando a “una iglesia como no hay otra igual por su elegancia y
comodidad en ningún pueblo de campo”.
Lo contradictorio era que en aquel entonces Domselaar contaba con tan
solo 300 habitantes.
En octubre de 1876, el inspector Nicanor Larrain informaba al Presidente
del Consejo Escolar General de Educación: “en el Distrito de Domselaar
existía hasta hace poco un a escuela rural subsidiada por la
Municipalidad del partido con la cantidad de $1000 y con el carácter de
interinamente hasta que el consejo General resolviese en definitiva.
Esta escuela esta cerrada desde el día 8 del corriente por haberse su
preceptor ausentado al Partido del Tordillo … la re apertura de esta
escuela que contaba con cincuenta alumnos inscriptos y veintiocho de
asistenta media, la creo una medida de urgente necesidad…”
Al año siguiente se hizo lugar al pedido del inspector, destinándose una
partida de $1500 mensuales para el preceptor.
La Capilla Santa Clara de Asís, por no tener un párroco que celebre la
misa, en pocas ocasiones se encuentra abierta y gracias al cuidado de
los vecinos la misma se mantiene en pie. Además, este pueblo cuenta con
solo un jardín de infantes y un colegio primario, pero esto no evita que
este hermoso pueblo, chico en habitantes pero grande en calidad y paz,
siga escribiendo su propia historia.
Fuente:
http://www.fau.unlp.edu.ar/
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